Brooklyn Nets 2026-27: se acabó el tanking, empieza el casting de Jordi Fernández
Brooklyn entra en una temporada distinta a las anteriores. El objetivo ya no es simplemente acumular jóvenes y esperar al próximo Draft. Jordi Fernández tiene que convertir una plantilla cargada de talento por evaluar en un equipo más competitivo, mientras Mikel Brown Jr. y Egor Dëmin intentan consolidarse como piezas del futuro y Julius Randle y Michael Porter Jr. elevan el suelo inmediato.
De 20 victorias a una temporada de evaluación real
Los Nets terminaron 2025-26 con un récord de 20-62, decimoterceros en el Este. Su ataque fue el peor de la liga en anotación, con 105,9 puntos por partido, y también estuvieron últimos en rebote, con 39,3 por encuentro. Fue una temporada orientada al desarrollo, pero dejó una pregunta abierta: ¿cuántos de los jóvenes acumulados por Brooklyn son realmente piezas de un equipo ganador?
Ese es el centro de la temporada 2026-27. La plantilla oficial incluye a Brown, Dëmin, Nolan Traore, Ben Saraf, Drake Powell, Danny Wolf, Noah Clowney, Joshua Jefferson y Tyler Bilodeau, además de jugadores jóvenes ya más asentados como Day'Ron Sharpe y Josh Minott. No hay minutos suficientes para que todos tengan el mismo margen de error.
La situación del Draft también cambia el incentivo. Houston conserva derechos de intercambio sobre la primera ronda de Brooklyn de 2027 procedentes del traspaso de James Harden. En 2024 los Nets recuperaron sus activos de 2025 y 2026, pero ese swap de 2027 siguió en manos de los Rockets. Perder por perder tiene, por tanto, mucho menos sentido.
Jordi Fernández tiene un casting de verdad
Jordi Fernández sigue al frente del proyecto y afronta probablemente su temporada más compleja en Brooklyn. El problema ya no es encontrar jóvenes a los que dar oportunidades; el problema es decidir cuáles merecen seguir recibiéndolas.
La idea que atraviesa toda la temporada: Brooklyn debe descubrir quién puede formar parte del siguiente equipo serio de la franquicia. Dëmin, Brown, Traore, Saraf, Powell, Wolf, Clowney y Jefferson necesitan minutos, pero los Nets también han añadido veteranos que llegan para competir y para evitar que el equipo vuelva a hundirse.
Eso convierte cada rotación en una decisión de desarrollo. Si Fernández juega muchos minutos con los veteranos, puede ganar más partidos pero frenar la evaluación de algunos jóvenes. Si reparte minutos entre todos, corre el riesgo de repetir los problemas de eficiencia, pérdidas y defensa del curso anterior. Ése es el verdadero casting de Brooklyn.
Mikel Brown Jr., el pick 6 que puede cambiar la jerarquía
Mikel Brown Jr. es la gran incorporación del Draft. Brooklyn lo seleccionó con el número 6 después de una temporada en Louisville en la que promedió 18,2 puntos, 4,7 asistencias, 3,3 rebotes y 1,2 robos. También dejó una actuación de 45 puntos ante NC State, igualando el récord de Louisville con 10 triples.
Su perfil encaja con una necesidad evidente: creación desde bote y anotación individual. Brown no llega como un base puro cuya primera virtud sea ordenar cada posesión; llega como un exterior capaz de romper defensas, generar su propio tiro y castigar desde muy lejos. Si traslada esa capacidad a la NBA, puede alterar rápidamente el reparto de responsabilidades.
En una plantilla sin una estrella joven consolidada, Brown tendrá margen para equivocarse. La prioridad no debería ser que parezca un veterano en noviembre, sino comprobar si puede convertirse en uno de los dos o tres pilares sobre los que Brooklyn construya de verdad.
Egor Dëmin necesita dar el siguiente paso
El otro nombre joven que llega con responsabilidad es Egor Dëmin. En su temporada rookie disputó 52 partidos y promedió 10,3 puntos, 3,3 asistencias y 3,2 rebotes. Su tamaño para el puesto y la capacidad para compartir creación con otro manejador hacen especialmente interesante una pareja Brown-Dëmin.
La 2026-27 debería servir para descubrir si Dëmin es simplemente otro joven útil o una pieza estable del núcleo. Tiene sentido imaginarlo junto a Brown en muchos quintetos: uno puede absorber más volumen anotador y el otro facilitar la circulación, sin obligar a que toda la creación recaiga sobre un solo jugador.
El salto de Dëmin es una de las grandes pruebas de la temporada. No necesita convertirse inmediatamente en una estrella, pero sí mostrar que puede ser un titular sólido dentro de un equipo que aspire a competir.
Julius Randle cambia el suelo del equipo
La llegada de Julius Randle es el movimiento veterano más importante del verano. Brooklyn lo recibió desde Minnesota en una operación a cuatro bandas en la que también consiguió los derechos de Joshua Jefferson, mientras Nic Claxton salió rumbo a Chicago.
Randle promedió 21,1 puntos por partido la pasada temporada y llega como el jugador con más historial individual de la plantilla: tres veces All-Star y dos veces All-NBA. No es una pieza alrededor de la que Brooklyn deba diseñar el próximo lustro, pero sí puede resolver un problema inmediato: dar al equipo un creador físico que absorba posesiones, genere ventajas y ayude a los jóvenes a jugar con algo menos de presión.
Su contrato añade otra capa. Cobra 33,3 millones esta temporada y dispone de una opción de jugador de 35,8 millones para 2027-28. Su rendimiento, su encaje con los jóvenes y su decisión contractual pueden influir mucho en el siguiente verano de Brooklyn.
Michael Porter Jr.: anotador, expiring y posible pieza de mercado
Michael Porter Jr. viene de promediar 24,2 puntos, 7,1 rebotes y 3,0 asistencias. Su tiro es probablemente la amenaza ofensiva más fiable del equipo y, junto a Randle, debería dar a Brown y Dëmin mucho más espacio que el que tuvieron los manejadores de Brooklyn el curso pasado.
Pero hay una diferencia importante con Randle: Porter está en el último año de su contrato, con un salario de unos 40,8 millones. Eso lo convierte en uno de los grandes nombres a vigilar antes de febrero. Si los Nets sorprenden y compiten, pueden valorar una continuidad. Si el proyecto sigue lejos, un alero de 2,08 metros con volumen de triples y experiencia en un equipo campeón puede generar mercado.
Es uno de los nombres que más suenan para un traspaso. NBAHoy no lo presenta como un traspaso en curso, sino como una decisión estratégica que Brooklyn tendrá que afrontar a medida que avance la temporada.
Altas y bajas: menos Claxton, más creación
El verano ha modificado bastante la estructura. Además de Brown, Randle y Jefferson, llegaron Keon Ellis y Moritz Wagner. Wagner firmó por dos temporadas y 19 millones; Ellis añade un exterior veterano para defender, competir y absorber minutos sin pedir demasiada creación.
La baja más importante es Nic Claxton. Su salida deja a Brooklyn sin el mejor protector de aro que tenía en el roster y abre una oportunidad para Day'Ron Sharpe. Sharpe renovó y, a sus 24 años, entra en una temporada en la que puede demostrar si está preparado para sostener minutos de titular.
Detrás aparecen Wagner, Clowney, Danny Wolf y distintos quintetos pequeños con Randle. Es suficiente para experimentar, pero la protección del aro es una de las dudas más claras de esta plantilla.
Un posible quinteto: Brown, Dëmin, Porter, Randle y Sharpe
Una alineación de partida razonable sería Mikel Brown Jr. – Egor Dëmin – Michael Porter Jr. – Julius Randle – Day'Ron Sharpe. No es un quinteto confirmado por la franquicia, pero sí encaja con las necesidades de desarrollo y con la jerarquía actual del roster.
Brown y Dëmin concentran el futuro; Porter aporta tiro; Randle da creación y fuerza; Sharpe ocupa el espacio interior que deja Claxton. Detrás, Jordi Fernández tendrá que repartir minutos entre Nolan Traore, Ben Saraf, Keon Ellis, Terance Mann, Josh Minott, Noah Clowney, Danny Wolf, Drake Powell, Joshua Jefferson y Moritz Wagner.
Eso resume el reto: Brooklyn tiene más candidatos que puestos reales en la rotación.
La gran fortaleza: flexibilidad y muchas apuestas
Brooklyn no está atrapado en contratos largos alrededor de un núcleo que no funciona. Porter expira, Randle puede decidir sobre su opción, y buena parte de la plantilla está formada por contratos rookie o acuerdos manejables. La nómina actual ronda los 160 millones, muy lejos de las estructuras más rígidas de los grandes aspirantes.
Además, sigue teniendo capital de Draft y muchos jugadores jóvenes. Una vez la franquicia sepa quién vale, podrá decidir si esos activos se utilizan para seguir desarrollando o para entrar en una operación por talento consolidado.
La flexibilidad, por sí sola, no gana partidos. Pero sí evita que Brooklyn tenga que comprometerse demasiado pronto con una versión del equipo que todavía no conoce.
La gran debilidad: defensa interior y demasiadas incógnitas
El curso pasado los Nets fueron uno de los equipos menos eficientes de la liga. Hubo intención de mover el balón, pero demasiadas posesiones terminaron en pérdidas o malos tiros. La llegada de Randle y Brown debería mejorar la creación, aunque no elimina automáticamente esos problemas.
En defensa, la salida de Claxton obliga a encontrar protección de aro con Sharpe, Wagner, Clowney y Wolf. Porter y Randle tampoco son especialistas defensivos capaces de tapar todos los agujeros del perímetro. Si Brown y Dëmin sufren en su adaptación, Jordi Fernández tendrá que encontrar soluciones colectivas.
Por eso el salto del equipo no depende solo de sumar puntos. Brooklyn necesita demostrar que puede competir durante 48 minutos sin que la juventud se convierta constantemente en pérdidas, desajustes y segundas oportunidades para el rival.
Qué sería una buena temporada para Brooklyn
No tiene mucho sentido fijar el éxito exclusivamente en una cifra de victorias. Las previsiones de pretemporada ofrecen escenarios distintos: desde simplemente superar las 20 del año pasado hasta rondar la treintena si todo funciona, con alguna lectura optimista que sitúa el play-in como techo remoto.
Para NBAHoy, el indicador más útil es otro: que al terminar la temporada Brooklyn sepa quiénes son sus tres o cuatro piezas jóvenes de verdad. Si Brown parece un creador NBA, Dëmin da un salto, Sharpe sostiene el puesto de cinco y uno o dos jóvenes más se consolidan, el año habrá servido aunque el balance siga siendo negativo.
Y si además Randle y Porter elevan el suelo suficiente para acercar al equipo a la zona media del Este, la reconstrucción habrá avanzado mucho más que con otra temporada dedicada únicamente a perder.
Se acabó acumular: toca elegir
Brooklyn ha pasado varios años reuniendo picks, contratos flexibles y jóvenes. La siguiente fase es más incómoda: elegir. No todos pueden ser parte del núcleo, no todos pueden recibir 25 minutos y no todos pueden esperar tres temporadas para demostrarlo.
Jordi Fernández tiene una plantilla imperfecta pero fascinante para trabajar. Brown y Dëmin son las apuestas principales, Randle y Porter proporcionan un contexto competitivo y el resto compite por demostrar que merece seguir cuando Brooklyn decida utilizar sus activos para dar el siguiente salto.
La temporada 2026-27 no tiene por qué responder quién será la próxima superestrella de los Nets. Pero sí debería responder algo más urgente: con quién merece la pena construir cuando esa estrella aparezca.